Hace pocas fechas la casi totalidad de los españoles se ha despertado con la noticia de que una pareja de ladrones a los que se les conoce popularmente como "los Aflbertos" han sido absueltos de sus cargos, con el añadido escarnio de que las víctimas de sus estafas han de resarcirles de las cantidades que habían recibido en concepto de devolución de sus robos. Es decir, los víctimas han de devolver lo robado a los cacos. Aunque el vestido jurídico del asunto está envuelto en mucha palabrería, el resumen de lo sucedido es ése.
Para quienes lean estas líneas desde otros países y no conozcan el caso, digamos que "los Albertos" no son unos vulgares atracadores de bancos pistola en mano, sino gente que se ha dado a conocer por sus matrimonios con las más distinguidas damas de alta finanza judía española. Una pareja de ladrones que ha pisado la moqueta de los palacios desde donde se dirige la política nacional.
El caso de "los Albertos" puede añadirse a la larguísima lista de ese inmenso iceberg del que sólo conocemos una mínima parte. Colón de Carvajal, De la Rosa o Alberto Cortina y Alberto Alcocer no son más que una mínima referencia de un inmenso agujero negro donde se succiona la riqueza nacional, fruto del esfuerzo de más de cuarenta millones de españoles,crédulos en esa cosa a la que llaman "libertad de mercado", alfalfa comestible para obejitas domesticadas, buenas votantes cada cuatro años, y a las que se les prohibe la entrada al reducido círculo donde se reparte la riqueza nacional.
Ya nada debe escandalizarnos: ni la exculpación de los ladrones por el alto tribunal español, ni la propia sorpresa de los españolitos. "¡Hay que ver, cómo está la Justicia en este país!".
Hombre, no es que la Justicia ande mal, simplemente hace sus deberes. ¿Acaso los jueces del caso habrían podido hacer otra cosa? Ellos simplemente han actuado conforme a lo que se espera de una institución liberal.
La ley, como la Nación, está para tener bajo control a las masas. Pero el reducido grupo de familias propietarias de esta finca ibérica está por encima de la ley y de la nacion. Para perpetuar su dominio, que es anterior a la muerte de Franco (los males de España vienen de muy lejos), han montado esta mascarada que cumple perfectamente su cometido: el régimen de 1978.
Toneladas de tomos acerca de la naturaleza de la ley, profundos estudios de derecho civil, romano o penal, los códigos con sus complejos articulados, no son sino la superestructura de la que hablaban los marxistas. Una ideología traducida en normas, que no impide ver que la ley no les es aplicable a ellos, sino que está para mantener bajo control el rebaño y ejercer de coartada legitimadora.
En medio se sucede todo ese ritual ridículo de ministros jurando o prometiendo, en presencia de cierto personaje, o el pomposo establo de la Carrera de San Jerónimo, donde los "padres de la patria" hacen la grosera fontanería al servicio de los que de verdad mandan. ¿Y qué decir de las togas de los profesionales de la Justicia? En fin, seamos piadosos y no nos cebemos más en esta Santa Compaña, en esta procesión de espectros que en treinta años de democracia liberal no han tenido los arrestos mínimos para enviar judicialmente a la policía a cerrar las clínicas abortistas donde es de dominio público que se conculca por cientos de miles de veces su propia ley del aborto.
¿Qué es la patria para quienes realmente mandan en España? La patria es un recurso del que se echa mano cuando hace falta para enviar a sus hijos a morir a Irak, a Afganistán, a Líbano o a Chad, siempre en misión de paz, por supuesto. Pero la patria no es una empresa común, de responsabilidades comunes, de solidaridades iguales entre los españoles. Cuando llega la hora del reparto del sudor nacional, entonces la plutocracia se pone de acuerdo para que su tinglado no se le venga abajo, mientras la nación se trocea, pero lo que no se trocea es su negocio, ni su sistema de succionar la sangre de los españoles.
¿Inmigración? El bombardeo de homilías en los periódicos, telediarios, películas o mensajes navideños no resiste una mínima crítica. Sólo cerebros lobotomizados pueden tragar la voladura del estado social que supone la entrada de millones de inmigrantes por el butrón que esta misma banda de granujas ha hecho en sus propias leyes: por aeropuertos, fronteras pirenaicas o por playas de la hermosa costa española llegan quienes sí saben que con sólo ser avistados en alta mar serán conducidos a la península para no volver jamás a su país. Esta masa de desarrapados llega dispuesta a regalar su dignidad, su esfuerzo laboral, en competencia desleal con los derechos y salario que exige el trabajador nacional. Es decir, el inmigrante es colocado dentro del mercado laboral para dinamitar el estado social.
Identidad cultural, tradiciones, patria,... ¿Pero qué importancia tiene eso? No es más que comida para pobres, los sin nada a los que se les está robando una grandeza que no perecerá jamá: España.
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